Ratitos de drama

Aquella tarde podríamos haber pisado todos los charcos de la ciudad mientras caminábamos hacia ningún lugar. Recuerdo los relámpagos brillando en tus pupilas, concentradas en la línea que separaba el asfalto del cielo. Tu forma de atisbar el horizonte no parecía real. Debería estar prohibido mirar de ese modo. Tus ojos se deslizaban con la suavidad del agua que se escurría por los muros de los edificios, que terminaba tarde o temprano derramada sobre las aceras.

—Ésta tarde es una de esas tardes en las que podría terminarse el mundo y ni me inmutaría —te dije.

Esa frase estúpida te pilló desprevenida, como el bocinazo de un coche que se salta un semáforo en rojo y está a punto de atropellarte.

—¿Quieres decir que yo tengo algo que ver en eso? —preguntaste, con cautela.

—Claro que no —repliqué—, no se trata de ti. Se trata de lo que ocurre conmigo cuando estás cerca. ¿Sabes a qué me refiero? Eres como ese instante en el que subes el volumen de la radio porque suena tu canción favorita.

Me miraste indiferente, como si hubieras escuchado la misma frase demasiadas veces de bocas distintas.

—Pareces un idiota cuando hablas así —respondiste, mientras sonreías.

Esa sonrisa me golpeó con firmeza en algún lugar profundo de mi estómago, e hizo que olvidara las líneas del guion que estaba siguiendo. La sonrisa justa en el momento adecuado, tan certera como siempre.

Con un simple gesto podrías hacer temblar a toda una ciudad.

—En realidad, puede que seas más como ese instante en el que estás a solas en tu habitación, tumbado sobre la cama una noche de verano, durante ese ratito de drama en el que piensas cómo irá la vida a partir de ahora. Eres lo más parecido a la incertidumbre que conozco.

Te quedaste pensativa durante un momento, tratando de determinar con precisión el significado de aquello que acababa de decirte. Y preguntaste:

—¿Como un misterio que nadie puede resolver?

—No creo que pueda responderte nunca, porque no puedo entenderlo; pero supongo que por eso me interesas. Tantas ganas no pueden estar equivocadas.